Raúl Mendoza nunca se imaginó vendiendo en línea.
Durante años trabajó como jefe de almacén en una empresa de autopartes industriales en Querétaro. Era de esas personas que conocían cada rincón de la bodega, cada proveedor, cada código y cada proceso. Tenía un trabajo estable, una rutina clara y una vida bastante normal junto a su esposa Mariana y sus dos hijos.
Pero en 2020, como le pasó a muchas personas, la pandemia cambió sus planes.
La empresa donde trabajaba empezó con ajustes, luego redujo operaciones y finalmente cerró. Raúl recibió su liquidación, actualizó su currículum y comenzó a buscar trabajo. Pero el mercado estaba complicado, las vacantes eran pocas y los sueldos no siempre valían la pena.
“Yo no estaba pensando en emprender”, nos contó. “Solo quería encontrar otra forma de generar ingreso mientras salía algo.”
Lo que no sabía era que esa búsqueda temporal terminaría convirtiéndose en algo mucho más grande.
Empezó vendiendo lo que tenía en casa
Raúl abrió Mercado Libre casi por necesidad.
Primero publicó cosas que tenía guardadas: una herramienta que ya no usaba, algunos accesorios para auto, piezas nuevas que le habían sobrado de arreglos anteriores y productos que, por su experiencia en almacén, sabía describir bien.
No fue una gran estrategia al principio. Tomaba fotos con el celular, escribía descripciones sencillas y respondía preguntas como podía.
Pero empezó a vender.
Una publicación.
Luego otra.
Después otra más.
Raúl se dio cuenta de que había productos pequeños, útiles y fáciles de enviar que la gente buscaba constantemente: accesorios automotrices, herramientas ligeras, organizadores, piezas para garage, luces, adaptadores y refacciones sencillas.
“Ahí fue cuando me cayó el veinte”, dice. “No se trataba de vender cualquier cosa. Se trataba de encontrar productos que sí tuvieran demanda.”
Y en eso, su experiencia laboral le ayudó bastante. No era experto en e-commerce, pero sí sabía de inventarios, piezas, rotación, proveedores y márgenes.
El reto era conseguir mejores productos
Durante los primeros meses compraba productos en México para revender. Le funcionaba, pero no lo suficiente.
La competencia era alta. Muchos vendedores ofrecían lo mismo. Si bajaba el precio, ganaba muy poco. Si lo subía, el producto se quedaba.
Entonces empezó a buscar en páginas de Estados Unidos.
Ahí encontró más variedad, mejores precios y productos que no estaban tan saturados en México. Pero también encontró el problema que muchos compradores ya conocen: no todas las tiendas envían a México, algunos envíos internacionales son caros y ciertos vendedores solo aceptan direcciones dentro de Estados Unidos.
Raúl no quería importar enormes cantidades. Quería probar.
Comprar pocas piezas.
Publicarlas.
Ver si se vendían.
Repetir solo lo que funcionara.
“Yo no tenía margen para comprar a lo loco”, recuerda. “Tenía que probar con cuidado.”
La primera compra con Soltekonline

Buscando cómo recibir compras de Estados Unidos en México, Raúl encontró Soltekonline.
Lo que más le llamó la atención fue la modalidad Envíanos tus compras. Él podía comprar directamente en páginas que ya estaba revisando para autopartes, accesorios y herramienta —como RockAuto, Summit Racing, JEGS, AutoZone, O’Reilly Auto Parts, Advance Auto Parts o Harbor Freight—, usar un domicilio en Estados Unidos que le asignaba Soltekonline y recibir después sus productos en México.
Para Raúl eso era ideal, porque no quería que alguien más eligiera los productos por él. Quería mantener el control: revisar precios, comparar publicaciones, calcular comisiones, validar si el producto realmente podía dejar margen y decidir cuánto comprar.
Su primer pedido fue pequeño.
Unas cuantas piezas automotrices y accesorios que pensó que podían moverse bien en Mercado Libre.
“Lo hice como prueba”, dice. “Quería ver cómo funcionaba el proceso antes de meterle más.”
Cuando el paquete llegó, lo publicó casi de inmediato.
Y se vendió.
No en un día. No como película. Pero se vendió.
Eso le dio confianza para hacer un segundo pedido. Luego un tercero. Después empezó a identificar mejor qué productos funcionaban y cuáles no.
El negocio empezó en la mesa del comedor
Al principio todo pasaba en la mesa del comedor.
Ahí tomaban fotos, revisaban productos, imprimían etiquetas y empacaban pedidos. Mariana, su esposa, empezó ayudándole con mensajes y organización. Sus hijos le echaban la mano con fotos, medidas y empaques cuando tenían tiempo.
Poco a poco, la casa fue cambiando.
Primero una caja con inventario.
Luego una repisa.
Después un cuarto pequeño adaptado como bodega.
Más adelante, anaqueles, cinta, etiquetas, bolsas, cajas y una rutina más clara.
“Nos fuimos acomodando”, cuenta Mariana. “Nunca fue de golpe. Cada mes aprendíamos algo.”
Raúl también aprendió a no enamorarse de ningún producto. Si algo se vendía, lo repetía. Si algo se quedaba mucho tiempo parado, no lo volvía a pedir. Si un artículo generaba muchas dudas o reclamos, lo sacaba del catálogo.
Con el tiempo, sus publicaciones mejoraron. Las fotos eran más claras, las descripciones más completas y los envíos más rápidos.
Lo que empezó como una forma de generar ingreso mientras encontraba trabajo se convirtió en un negocio real.
De ingreso extra a MercadoLíder Platinum
Raúl no dejó de buscar empleo de inmediato. Durante un tiempo siguió revisando vacantes, pero cada vez con menos urgencia.
Las ventas crecían.
Los pedidos eran más constantes.
Los productos se movían mejor.
Y la familia ya estaba involucrada en el proceso.
Llegó un punto en el que sus ingresos por Mercado Libre igualaron lo que ganaba antes como empleado. Después lo superaron.
“Ese fue el momento en que dije: creo que esto ya no es temporal”, recuerda.
Con disciplina, buenas reseñas, tiempos de respuesta rápidos y una operación cada vez más ordenada, Raúl llegó a convertirse en MercadoLíder Platinum.
Para él, más que una insignia, fue una señal de que el esfuerzo iba por buen camino.
Hoy Mariana trabaja con él de tiempo completo. Sus hijos ayudan en temporadas fuertes y Raúl espera pronto integrar a otro familiar al negocio.
“No fue magia”, dice. “Fue aprender, probar, equivocarse poquito y repetir lo que sí funcionaba.”
Lo que Soltekonline hizo posible
Raúl tiene claro que Soltekonline no hizo el negocio por él.
Él buscó los productos.
Él calculó los márgenes.
Él armó las publicaciones.
Él respondió clientes.
Él reinvirtió con cuidado.
Pero Soltekonline le ayudó a resolver una parte clave: poder comprar en Estados Unidos y a veces China y recibir en México sin depender de favores, viajes o envíos internacionales complicados.
“Para mí lo importante fue tener una forma de traer producto”, explica. “Ya no estaba limitado a lo que encontraba aquí. Si veía una oportunidad en USA, podía probarla.”
Eso le permitió empezar pequeño, medir demanda y crecer sin hacer compras enormes desde el inicio.
Una fuente de ingreso propia
Raúl no habla de su historia como si todo hubiera sido fácil.
Hubo productos que no se vendieron.
Hubo meses lentos.
Hubo errores de cálculo.
Hubo clientes difíciles.
Pero también hubo aprendizaje.
Y, sobre todo, hubo una sensación nueva: la tranquilidad de no depender de una sola nómina.
“Yo no digo que todos deban renunciar a su trabajo”, dice. “Pero sí creo que todos deberíamos tener algo propio, aunque empiece chiquito.”
Para Raúl, vender en línea empezó como una salida temporal. Hoy es un negocio familiar que le dio estabilidad, libertad y una nueva forma de ver su futuro.
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Puedes empezar con pocos productos, probar qué se vende y crecer paso a paso.
Tal como lo hizo Raúl.
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