Andrés llevaba años tocando con la misma guitarra y guardando fotos de una Fender Stratocaster. Cuando por fin decidió buscarla, tuvo que aprender a elegir con calma y encontrar cómo recibir en México un instrumento vendido en Estados Unidos.
Andrés tenía una carpeta en el celular que se llamaba, sencillamente, «Guitarra».
Adentro había capturas de publicaciones, fotografías de instrumentos blancos y un par de videos que volvía a ver cuando encontraba un rato libre. Algunas imágenes llevaban tanto tiempo guardadas que las guitarras ya se habían vendido.
Una noche, mientras revisaba otra publicación en la mesa de la cocina, su esposa se acercó.
—¿Es la misma de siempre?
—El mismo modelo. Esta es otra.
Ella miró la pantalla y sonrió. Después de tantos años, ya reconocía aquella forma.
Andrés tenía treinta y ocho años, vivía en Puebla y trabajaba en el área administrativa de una empresa. Tocaba desde la preparatoria. La Fender Stratocaster de sus fotografías llevaba quince años apareciendo en conversaciones que casi siempre terminaban con la misma frase: cuando se pueda.
La primera guitarra llegó con un amplificador pequeño
A los diecisiete juntó dinero trabajando durante las vacaciones y compró un paquete que incluía una guitarra negra, un cable y un amplificador pequeño.
Lo instaló junto a su cama. Para aprender una canción, escuchaba unos segundos, pausaba y buscaba las notas hasta que los dedos empezaban a responder. Sus primeras grabaciones también registraban el ventilador y a su mamá llamándolo a cenar.
Con esa guitarra ensayó con amigos y tocó en una fiesta donde casi nadie les puso atención. También descubrió que podía pasar una tarde entera tratando de sacar un solo.
A los veintitrés, un compañero le prestó una Stratocaster durante un ensayo. Recordaba la comodidad del mástil y cómo sonaban ciertos acordes con su amplificador. Al devolverla, preguntó cuánto costaba una.
Guardó el nombre del modelo y siguió tocando con la suya.
La música fue encontrando espacios más pequeños
Con el trabajo y la familia, los ensayos se hicieron difíciles de coordinar. Uno de sus amigos cambió de ciudad; otro empezó a trabajar los sábados.
La guitarra terminó dentro de su funda, detrás de una puerta. Andrés la sacaba de vez en cuando, tocaba las canciones que todavía recordaba y volvía a guardarla.
Seguía disfrutándolo, aunque cada vez le costaba más hacerse tiempo.
El regreso empezó con un mensaje de Luis, su antiguo compañero de banda. Había encontrado un video de aquella fiesta de preparatoria y lo mandó al grupo.
Se rieron del audio, de la ropa y de lo rápido que habían tocado todo. Alguien propuso reunirse un domingo.
Andrés sacó la guitarra unos días antes. Las cuerdas necesitaban cambio y sus manos, práctica. Esa semana volvió a tocar después de cenar.
Primero volvió a tocar con lo que tenía

La reunión duró más de lo planeado. Repitieron canciones, olvidaron entradas y tuvieron que bajar el volumen cuando un vecino llamó a la puerta.
Quedaron de verse otra vez.
Durante los meses siguientes, Andrés recuperó una rutina pequeña: veinte o treinta minutos por la noche y algún ensayo cuando coincidían los horarios. Su hija empezó a reconocer las melodías desde el pasillo.
La guitarra negra recibió cuerdas nuevas y un ajuste. Andrés estaba cómodo con ella, y tocar de nuevo le ayudó a precisar qué buscaba en otro instrumento.
Entonces abrió aquella carpeta del celular con una intención distinta. Revisó sus ahorros, habló con su esposa y fijó un presupuesto que pudiera pagar sin descuidar los gastos de la casa.
Por primera vez, puso una fecha para empezar a buscar en serio.
Elegir una Fender le tomó más tiempo del que esperaba
La idea parecía sencilla: una Stratocaster blanca, con diapasón claro.
Las publicaciones complicaron un poco las cosas. Encontró guitarras que se parecían mucho, pero pertenecían a series distintas, tenían modificaciones o incluían accesorios diferentes.
Antes había guardado fotografías por el color. Ahora anotaba el modelo completo y buscaba información sobre cada versión. También aprovechó una visita a una tienda para probar varias guitarras y comparar cómo se sentían en sus manos.
Descartó una porque el mástil le resultaba incómodo. Otra le gustó, pero se salía del presupuesto.
Luis revisaba los enlaces que le mandaba y le hacía preguntas bastante prácticas: si incluía estuche, qué tan gastados estaban los trastes, quién la vendía.
La lista de candidatas se redujo. Andrés empezó a reconocer cuáles le interesaban de verdad.
La publicación que volvió a abrir al día siguiente
Encontró una usada en Reverb, anunciada por una tienda de Estados Unidos. El color era el que buscaba y las fotografías mostraban también los detalles de uso.
Tenía una marca pequeña en la parte posterior del cuerpo. La tienda la señalaba en una imagen, junto con una descripción del estado del instrumento.
Andrés dejó pasar esa noche.
Al día siguiente revisó los comentarios del vendedor y escribió para pedir fotografías más cercanas de los trastes. Preguntó por reparaciones y por los componentes que conservaba. Quería entender qué estaba comprando antes de emocionarse demasiado.
La tienda respondió con más imágenes y confirmó que incluía un estuche rígido.
Andrés volvió a sacar cuentas. Había encontrado una candidata seria, pero el vendedor solo ofrecía envío dentro de Estados Unidos.
Faltaba resolver cómo llevarla hasta Puebla
Hasta entonces, Andrés había calculado el precio de la guitarra convertido a pesos. El recorrido completo todavía estaba pendiente.
Pensó en un familiar que viajaba de vez en cuando, aunque no tenían fechas próximas. Dejar la compra dependiendo de ese viaje volvía a mandar todo al terreno de «después vemos».
Buscando opciones conoció la modalidad Envíanos tus compras de Soltekonline. Podía registrarse, obtener un domicilio en Estados Unidos y comprar directamente al vendedor para que enviara ahí el paquete. Después debía registrar la compra en su cuenta; Soltek se encargaría de recibirla, gestionar su entrada a México y enviarla a su domicilio.
Antes de pagar, consultó los costos del servicio y del envío final a Puebla. Pidió también información sobre el tamaño del paquete.
Con esos datos comparó el gasto previsto con su presupuesto. Quería poder disfrutar la guitarra cuando llegara, sin quedarse preocupado por cómo iba a pagarla.
La decisión llegó después de las preguntas
Andrés confirmó con la tienda que aceptaba enviar al domicilio asignado. Revisó las condiciones de devolución y aclaró cómo gestionar cualquier incidencia, considerando que el paquete llegaría primero a Estados Unidos.
También preguntó por el embalaje. El estuche debía viajar protegido dentro de una caja preparada para el envío.
Había dedicado varias noches a esa compra. A esas alturas conocía hasta el pequeño golpe que aparecía detrás del cuerpo.
Cuando terminó de revisar, llamó a su esposa.
—Ya hice las cuentas.
Ella acercó una silla y vio con él la publicación por última vez.
Andrés realizó la compra y la registró en su cuenta de Soltek. Después dejó el celular sobre la mesa. Le costó unos segundos acostumbrarse a que la guitarra ya estuviera en camino.
Mientras esperaba encontró una grabación vieja
Durante la espera revisaba las actualizaciones del pedido y seguía practicando con la guitarra negra.
Una noche buscó en su computadora el audio de una canción que había intentado componer años atrás. Encontró varias versiones, todas con nombres poco útiles: «idea», «idea nueva», «ahora sí».
En la última había una melodía breve que todavía le gustaba. La tocó despacio para recordarla y grabó otra toma con el celular.
Se la mandó a Luis.
Su amigo respondió que la recordaba, aunque juraba que antes llevaba otro acorde. Pasaron un buen rato intercambiando audios hasta ponerse de acuerdo.
Cuando Andrés apagó el amplificador, ya tenía ganas de que llegara el domingo. Habían quedado de ensayar otra vez.
El primer acorde salió en la sala de su casa
La caja llegó una tarde entre semana.
Andrés despejó la sala, revisó el paquete y fue retirando el embalaje con cuidado. Su hija observaba desde el sillón, haciendo preguntas cada vez que aparecía otra capa de protección.
Al abrir el estuche reconoció el color. Después buscó la marca pequeña de la parte trasera, la misma que había visto tantas veces en las fotografías.
Se sentó con la guitarra sobre las piernas y pasó la mano por el mástil.
Su hija le preguntó si iba a tocar algo.
Conectó el cable, afinó y dejó el amplificador a un volumen bajo. Empezó por una canción que sabía desde la preparatoria. Se equivocó en una entrada, se rio y volvió al principio.
Desde la cocina, su esposa reconoció la melodía.
Andrés siguió tocando hasta terminarla. Después probó aquella idea que había recuperado de la computadora.

Su hija empezó con la guitarra negra
La Fender quedó cerca del amplificador, lista para los ratos que Andrés se reservaba después del trabajo. Algunos días tocaba apenas quince minutos. Los domingos de ensayo seguían dependiendo de los horarios de todos.
Conservó la guitarra negra. Su hija empezó a pedírsela y él le enseñó a sostenerla sentada, con el cuerpo apoyado sobre la pierna.
El primer acorde les tomó buena parte de una tarde. A ella le molestaban las cuerdas en los dedos; Andrés recordaba perfectamente esa sensación.
Le acomodó la mano y esperó mientras lo intentaba otra vez.
Cuando por fin sonaron todas las notas, la niña levantó la vista para comprobar si lo había hecho bien.
Andrés asintió. Luego acercó su silla para enseñarle cómo cambiar al siguiente.
Encuentra la guitarra que quieres y revisa cómo recibirla
Si tienes una guitarra guardada en favoritos, empieza por conocer bien el instrumento, al vendedor y el costo de recibirla en México.
Para comenzar tu búsqueda, puedes explorar estas opciones en Estados Unidos:
- Sweetwater: para comparar guitarras nuevas de marcas como Fender, Gibson, PRS, Ibanez y Yamaha, además de amplificadores y accesorios.
- Guitar Center: cuenta con un catálogo de guitarras nuevas y una sección de guitarras usadas para revisar alternativas de segunda mano.
- Chicago Music Exchange: una tienda especializada donde puedes explorar guitarras de distintas marcas y consultar su selección de eléctricas usadas.
- Reverb: reúne tiendas y vendedores de instrumentos nuevos y usados. Para comprar en USA, elige publicaciones de vendedores ubicados en Estados Unidos y confirma desde dónde se enviará la guitarra.
Tómate tiempo para comparar. Revisa el modelo exacto, la condición del instrumento, si incluye estuche y las políticas de devolución. Antes de pagar, confirma también que la tienda o el vendedor acepte enviar al domicilio en Estados Unidos que utilizarás.
Con Envíanos tus compras puedes comprar directamente y utilizar el domicilio en Estados Unidos que te asigna Soltekonline. Si prefieres que realicemos la compra, comparte el enlace mediante Compramos por ti y solicita una cotización.
Para revisar una opción de segunda mano, consulta nuestra guía sobre cómo comprar una guitarra usada en Reverb.
Y cuando encuentres una candidata, entra a Soltekonline y revisa cuánto costaría recibirla en México. Esa guitarra que llevas tiempo buscando puede empezar con un enlace y una compra bien pensada.
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